serialreblogger:

literaryreference:

undeadwill:

friendly-neighborhood-patriarch:

theinturnetexplorer:

the crows are his allies now.

“THE DEBT MUST BE REPAID. YOU HAVE OUR ALLEGIANCE, HUMAN”

@theclockworkscarecrow

That’s actually how it works.

Crows: smart enough to not only remember but convey to their buddies which humans were nice to them that one time and which were jerks, but dumb enough to get their heads stuck in fences, apparently.

AREN’T WE ALL

(via tastefullyoffensive)

(via vulpeko)

Scary Short Stories

unexplained-events:

Here are some of our favorite classic short horror stories. Feel free to suggest any of your own in the comments!

The Whole Town’s Sleeping by Ray Bradbury

The Veldt by Ray Bradbury

The Yellow Wallpaper by Charlotte Perkins Gilman

A Good Man Is Hard To Find by Flannery O’ Connor

The Lottery by Shirley Jackson

The Masque of the Red Death by Edgar Allen Poe 

The Monkey’s Paw by W.W. Jacobs

Where Are You Going, Where Have You Been? by Joyce Carol Oates

A Collapse of Horses by Brian Evenson

Premium Harmony by Stephen King

Since other King short stories are hard to find, here are a few favorite short stories/novellas if you can find them: Children of the Corn, Apt Pupil, The Body, Graveyard Shift, The Road Virus Heads North 

(via unexplained-events)

stagemanagerssaygo:

autumnthejokerat:

jaubaius:

Creative & DIY

SO THAT’S HOW THEY FUCKING DO IT

image

(via roguexunited)

kayas-wife:

robotsandfrippary:

I love the flight response when it’s triggered by something innocuous. This is the human equivalent of cats getting spooked by sudden cucumbers.

I hope they bought that guy a new lunch. He really dropped his croissant

(via eyeofivan)

hoshees:

I can’t be in this space where you left. I can’t pretend to be strong anymore. 

minishawol:

Key talking about genderless fashion and wanting to break boundaries

unexplained-events:
“An abandoned ship allowing nature to take its course.
”

unexplained-events:

An abandoned ship allowing nature to take its course.

(via unexplained-events)

#Cuentalo

Ayer, un amigo publicó un meme en el que, en resumidas cuentas, asume que TODAS las mujeres mentimos y engañamos. En cuanto vi su publicación le respondí “mames”. Porque de verdad: que no pinches mamen. No puedo ni empezar a comprender por qué los hombres se sienten en esta completa libertad de decir que nosotras, por ser mujeres, mentimos, engañamos, tenemos intenciones ocultas, etcétera. ¿Por qué es válido para ellos afirmar todo eso de nosotras? Nadie les dice nada.”Pobrecitos, ay la neta si estamos bien locas, pobres hombres que nos aguantan”. Mis huevos. 
Volteemos la situación. ¿Qué pasa cuando las mujeres decimos que los hombres nos violentan? De inmediato salen a defender a su género: “No TODOS los hombres”. Por supuesto brother, no todos los hombres llevan la violencia a la acción, pero ¿qué crees? Tú que defiendes el “no todos los hombres” eres parte de esa violencia. El hombre que se siente en libertad de estereotipar a las mujeres nos violenta. El hombre que justifica decir piropos en la calle nos violenta. El hombre que cree que puede opinar sobre cuerpos ajenos nos violenta. No nos violan, no nos golpean, pero hacen chistes misóginos, pero no ponen un alto cuando ven abuso a una mujer, pero hablan con sus compas de lo “buenísima” que está una “vieja” y de “a quién se van a ligar después”. 
En Oaxaca, por ejemplo, estaba yo en Zipolite con un par de amigas y nos encontramos con un amigo que yo había hecho el día anterior. Este amigo estaba acompañado por un chavo de Guadalajara. En algún punto de la tarde, mis amigas fueron a recoger a otros amigos que habíamos hecho esa mañana. El chico de Guadalajara no dudó en hacer el siguiente comentario: “Me gusta la de lentes, pero si no me pela me doy a la amiga”. ¿Disculpa? Si no entienden la violencia que existe en ese comentario, definitivamente son presas de un pensamiento misógino y machista que no les permite darse cuenta que nosotras, mujeres, no somos un objeto dispuesto a su merced. 
Este pensamiento nos ha hecho tanto, tanto daño. Ha puesto a los hombres en la completa libertad de generalizar a nuestro género y marcarnos como “mentirosas” o “manipuladoras” cuando posiblemente su queja no sea más que una relación fallida, que un corazón roto. 
Nuestra queja es ligeramente distinta. Nuestra queja es que nos están PINCHES ASESINANDO. Nuestra queja es que diario tenemos que estar alerta. Diario nos jugamos la PUTA VIDA porque no sabemos si el hombre que se sentó al lado nuestro en el camión decidió en ese momento que podía ejercer la libertad de macho que le dio este país y hacernos algo. Llámese “piropo”, llámese “arrimón”, llámese seguirnos hasta casa para ubicar dónde vivimos. Porque pasa, amigos. Este lunes, por ejemplo. Yo regresaba a casa del trabajo en metro cuando un señor que iba con un tubo de escoba en la mano se me quedó viendo.
Conocemos perfecto esa mirada. Esa mirada que congela y que nos llena de temor. No sé cómo empezar a describirla, pero está llena de una lujuria tan violenta y hostil que de inmediato nos hace levantar la guardia. Tememos volver a hacer contacto visual porque no queremos hacerlo creer que estamos incitando nada. Vemos al suelo, seguimos leyendo, vemos el celular, nos enfocamos en otro punto, pero siempre viendo de reojo a esa persona para estar atenta a sus movimientos. Este hombre del metro empezó a aproximarse a mí, y me señalaba con el tubo. Temí. Me cambié de asiento. Él hizo lo mismo. Seguía lanzándome esa horrible mirada. Me seguía señalando con el tubo. Empezó a azotar el tubo contra el suelo. Me quería intimidar y lo logró. Por supuesto que toda la vida me han educado para no mostrar mi espanto cuando voy en la calle. Mi gesto serio no cambió, pero por dentro estaba temblando. No podía concentrarme en nada. Esperaba que esa persona bajara antes que yo del vagón para que no intentara seguirme o que supiera hacia dónde me dirigía.
Cuando llegué a mi destino, el hombre se paró detrás de mí. Mi primer pensamiento fue que planeaba seguirme. Tuve que caminar aprisa, pensando en la ruta más eficiente para que me perdiera de vista y buscando entre mis contactos el número de mi papá para que fuera a recogerme al metro. Subí las escaleras de dos en dos y me metía entre las personas lo más ágil que pude para que no me alcanzara. No podía darme el lujo de esperar a mi papá, corrí al camión que me lleva a mi casa. Fue hasta que este camión se arrancó y nos alejamos del metro que pude calmarme un poco. Por supuesto, no sin dejar de estar alerta por todas las personas a mi alrededor.
Me pregunto si alguno de mis amigos ha sentido alguna vez ese miedo tan familiar para todas las mujeres. Me pregunto si están constantemente alertas por si alguien se les queda viendo de más o si se sienta muy próximo a ellos. Me pregunto si, en el caso de que llegaran a sentir algún día ese miedo, pudieran entender el gran privilegio del que gozan y que se rehúsan a aceptar. 
“No somos todos” dicen, pero el peligro viene de todos lados.
Hace unos meses un amigo de hace muchos años me violó. Me costó mucho utilizar esa palabra porque yo, como todos, he sido educada para justificar las violencias que recibo. Me di cuenta de que no lo quería llamar violación porque nuestra idea de violación es muy gráfica: golpes, gritos, piensen en Mónica Bellucci en “Irreversible”. Mi caso no fue así de gráfico, pero definitivamente no fue consensuado. Al contarle esto a algunos amigos, uno incluso me dijo que “tenía que darme cuenta de lo que valgo”. Aclaro que entiendo que su intención no fue mala, pero incluso ahí vemos lo arraigado que está el problema. Para mi amigo yo había permitido que eso pasara porque no tenía valor, porque no tenía amor propio.
Amor propio fue empezar a llamar a las cosas por su nombre. Ese vato me violó. Mi ex novio me violó cuando se metió a mi facebook sin mi consentimiento y mandó mensajes a quién se le pinches antojó. Mi ex anterior me violó cuando picaba los condones porque él quería empezar una familia. Otro amigo me violó al obligarme a “vulnerarme” con él porque “nunca muestras tus sentimientos”. Todas esas cosas son violaciones. TODAS HEMOS SIDO VIOLADAS DE MIL MANERAS. No necesitamos ser penetradas con violencia para ser violadas.
Y no, no nos dejamos violar por falta de amor propio. Nuestro valor y nuestro amor es una idea tan remota para esta sociedad que creen que nos dejamos violentar porque “no nos queremos”. Bullshit. Ya basta de ser objeto de violencias y de condescendencias (esta segunda también tan dañina). Si #Cuentalo es TT es porque ya es hora de llamarle a las cosas como son, porque suavizar los términos y justificar las violencias es contribuir con esa sociedad que nos obliga a tener miedo cada vez que salimos. 
Ya basta de permitir cualquier violencia, hasta ese pinche meme misógino e idiota que me hizo compartirles todo esto.

25 de abril de 2018
Quien diga que las selfies o los boomerang o cualquier cosa les sale a la primera, miente. Este fue mi intento 77 (o no tanto, no recuerdo) para la historia de anoche, pero también quise subir este porque me veo irreal, la neta.
.
.
.
.
.
.
.
.
#tease #mexigers #igers #igersmexico #boomerang #video #playful #selfie #braids #alternativehair #alternativehairstyle #boxbraids #instagramers #boomerangforinstagram #boomerangforinsta #boomeranging #boomerangtime #boomeranglove #instagood #sweet #tongue #instalove #instafollow #followback #instacool #hair #pretty #beauty #nofilter (en Mexico City, Mexico)